El Sermón del monte: Las bienaventuranzas

1 Cuando Jesús vio a la multitud, subió al monte y se sentó. Entonces sus discípulos se le acercaron, 2 y él comenzó a enseñarles diciendo:

3 «Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.

4 »Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación.

5 »Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra.

6 »Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.

7 »Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos serán tratados con misericordia.

8 »Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios.

9 »Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios.

10 »Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.

11 »Bienaventurados serán ustedes cuando por mi causa los insulten y persigan, y mientan y digan contra ustedes toda clase de mal.12 Gócense y alégrense, porque en los cielos ya tienen ustedes un gran galardón; pues así persiguieron a los profetas que vivieron antes que ustedes.

(Reina Valera Contemporánea)

 

REFLEXIÓN

Hay tanta belleza en este pasaje, tanta enseñanza, reflexión y un gran reto para aquel que lo escucha.

“Cuando Jesús subió a ese monte, se sentó y empezó a enseñar…” no sólo fué para la gente de ese tiempo, Jesús todavía sigue enseñando, enseñándonos cómo vivir y cómo morir día tras día, palabras eternas que permanecen sin tener caducidad.

Las bienaventuranzas son un mensaje de consuelo, promesa y esperanza para el afligido y angustiado.

La visión de Jesús es totalmente opuesta a la del mundo, mientras el mundo felicita a los “exitosos” que logran sus objetivos materiales sin importar el costo o lo que tuvieron que hacer o pisotear en el camino; con Jesús es completamente diferente…

Jesús voltea a ver a los que han sido lastimados, quebrantados, los que han preferido ceder por mansedumbre o entregar por misericordia, los que tienen hambre y sed de Dios, hambre y sed de justicia, los que desean que el Reino de los cielos se establezca sobre la tierra; nos da hermosas promesas y el llamado a vivir gozosos como si ya las hubiéramos recibido.

 

ORACIÓN:

Señor ayúdame a ver con tus ojos y que el tiempo de dificultad pueda afrontarlo con gozo, confiado en tí, esperando la promesa, y el galardón que está por delante, puestos los ojos en Jesús, amén.  

 

MISIONES: Orar por México  

Padre santo reconocemos que tu mano ha estado sobre México aún en los tiempos más difíciles, que has escrito el destino de nuestro país; te pedimos que sigas estando con nosotros en este tiempo que está por delante, reconocemos que somos pobres en espíritu, que te necesitamos, tenemos hambre y sed de tí, de tu justicia, paz y poder, establece tu Reino sobre México, por amor a tu nombre, en el nombre de Jesús, Amén.

 

 

CANTO: Dale fé y esperanza a mi país – Ruth Ríos